Una ventana abierta a la naturaleza a través de los ojos de lo me apasiona: las Aves.

domingo, 6 de septiembre de 2026

GARCETA DIMORFA EN ARCADE COMO REGALO

Voy con el regalo que nos dio Galicia en nuestras vacaciones. Ya os conté que el objetivo del viaje  era la gaviota guanaguanare. Además queríamos buscar alguna de las escasas parejas reproductoras de ostrero euroasiático. Por último queríamos conocer algunos lugares emblemáticos del pajareo nacional como el CIUG (Complejo intermareal Umia-Grove). Todo ello lo conseguimos. Pero una vez allí saltó la sorpresa, y lo que parecía un regalo del lugar hacia nosotros. Nuestro amigo Mateo (mil gracias por todo) nos informó que una garceta dimorfa (Egretta gularis), que se vio días atrás en la ría de Vigo, se volvía a ver esta vez cerca de Arcade. No estaba muy lejos del camping así que una mañana nos acercamos a esta zona intermareal y a las salinas d´Ullo. 

A primera hora ya estábamos en uno de los costados de la ría prospectamos cada zona de agua donde no faltaban las garcetas comunes. Pero de la gularis ni rastro. Si que vimos un águila pescadora posada en el suelo y numerosas gaviotas reidoras y patiamarillas. Cambiamos de lugar y nos acercamos a desayunar a Arcade después de buscar en la parte cercana al pueblo pero solo veíamos algunas garzas reales y lo visto desde el lado contrario. De nuevo a otro lugar, en este caso a las salinas d´Ullo donde nos recibió un flamenco común que llevaba un tiempo por allí. Aquí nos encontramos con varios pajareros locales con los que hablamos de la más buscada y nos dieron pautas para buscarla. 

Pero llegaba la hora de volver al camping donde nos esperaba el resto de familia. Pero decidimos, empujados por Eli, quedarnos un poco más por si aparecía la dimorfa. De nuevo a las salinas pero esta vez caminamos hasta un espigón donde teníamos una visión más amplia de la ría. Y el regalo nos llegó. A lo lejos, en una orilla donde estaban numerosas garcetas comunes, voló una garceta de tonos oscuros. Allí estaba, eso si muy lejos, la que hasta ese momento nos había dado esquinazo. La disfrutamos unos minutos y decidimos tratar de verla más cerca. Pero la cosa estaba difícil y un nuevo encuentro con los colegas nos confirmó que se había marchado, ya con marea alta, y que no sabían donde se había ido. El bajón inicial se convirtió en enorme emoción cuando, ya casi al irnos, miramos unos árboles secos donde resaltaban unos puntos blancos. Una revisión rama a rama nos dio con la preciosa garceta dimorfa. Buscamos un sitio con buena visión para disfrutarla después del esfuerzo que nos costó localizarla (a cabezotas en pajareo no nos gana nadie).



Esta garceta, como dice su nombre, presenta dos formas de plumaje. El plumaje blanco es difícil de diferenciar de la común mientras que la oscura, la que vimos, tiene un plumaje gris azulado a excepción de la garganta blanca y de los pies amarillos. Esta ardeida se reproduce en la costa occidental de África. Cuando son capaces de volar los jóvenes efectúan dispersiones y en ocasiones llegan a la Península Ibérica donde es una rareza de aparición regular. En ocasiones aparecen en nuestros humedales ejemplares híbridos entre la dimorfa y la común como el que vimos hace un año en el Delta del Ebro

Esta es nuestra segunda observación de la especie, tras la vista en Madrid en agosto de 2022 y fue la guinda a un viaje a Pontevedra que no olvidaremos nunca



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jueves, 3 de septiembre de 2026

ENTRE GALICIA Y SEPÚLVEDA EL MÁS BONITO

Final de las vacaciones y vuelta a la bendita rutina. Después de dos meses entre unos días por Galicia, alguno por Íscar, un par de campamentos,  y finalizando por Sepúlveda ya estamos de nuevo en marcha y una de las cosas que lo atestiguan es que vuelvo a escribir sobre lo que hemos visto en estos dos meses. Ha habido muchas salidas y de mucha calidad, como os enseñé en la anterior, yo voy con una muy especial.

En uno de los momentos en que hemos estado en Ávila subí a las cumbres abulenses en busca del pajarillo más bonito que existe (al menos para mi lo es). Juanra y yo paseamos entre los piornos, sin rastro de amarillo en estas fechas, en busca de algún ruiseñor pechiazul (Luscinia svecica) de los que se reproducen en las laderas de las sierras de la provincia. Buscábamos alguno pero lo que vimos fue increíble e inolvidable.

Hasta tres machos pudimos ver nada más empezar la ruta en lo alto de las ramas y en un poste de los que delimitan las fincas y prados de altura. Pero el éxtasis nos llegó a media mañana cuando vimos una familia a escasos metros de nosotros donde dos adultos, macho y hembra, y dos jóvenes se movían en el suelo o entre las ramas a escasos metros de donde Juanra y yo estábamos sentados atónitos por lo que estábamos viendo. Las siguientes fotos pueden haceros una idea del maravillosos momento que vivimos.




















Con el pechiazul pudimos ver muchos pajarillos que pasan el verano en los piornos abulenses como este escribano hortelano (Emberiza hortulana) que se afanaba en buscar alimento para sus pollos, que pasaban desapercibidos entre algunas ramas. 



Ya de vuelta Juanra me comentó que le gustaría " ver un abejero bien visto" pues habíamos visto uno de pasada mientras íbamos en el coche. Ducho y hecho, un preciosos ejemplar voló sobre nosotros para cerrar un día inolvidable en el que solo nos faltó Eneko al lado (estaba de campamento).




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viernes, 7 de agosto de 2026

ALGUNOS DE LOS ESCASOS OSTREROS REPRODUCTORES

Ya os hemos contado que la gaviota guanaguanare era la responsable de que nuestra migración vacacional nos llevase a tierras pontevedresas. Pero una vez allí, y después de saber que en la zona donde estábamos criaban algunas de las pocas parejas reproductoras de ostrero euroasiático (Haematopus ostralegus) que hay en la Península (que se encuentran repartidas por el Delta del Ebro,  algunos puntos de la costa cantábrica y la Ría de Aorusa ). Desde ese momento este precioso limícola se convirtió en la obsesión de Eneko. Y no valía con verlos en las rocas que teníamos a la puerta del camping, había que buscar alguno anillado y sobre todo tratar de ver algún pollo del año con la enorme ilusión de ver alguna familia. Con esa intención recorrimos varias veces el Parque Natural de Carreirón, en el sur de a Illa de Arousa. Y como a cabezotas no nos gana nadie en el tema pajarero dimos con lo deseado. 

Como ya os he dicho, en el paseo de O Terrón, donde estaba nuestra caravana, ya pudimos ver algún grupo de este limícola de llamativo pico largo y rojo  alimentándose en las zonas donde roca y piedra se unen cuando la marea estaba bajando o subiendo. Con la llegada de la pleamar volaban en dirección a Carreirón y allí se posaron nuestras expectativas. Un par de paseos familiares para conocer las playas de este lugar maravilloso (en pocos sitios hemos visto playas tan bonitas) y reconocer los sitios donde podíamos buscar ostreros y tratar de verlos cerca.















Una mañana, temprano para evitar el flujo de gente que hay en estos meses en la zona y en sus playas, Eneko y yo nos fuimos a recorrer cada roca y cada playa de Carreirón para buscar lo que  Eneko tanto deseaba. En las rocas que emergen del agua pudimos ver un adulto de alguna de las pocas parejas de gavión atlántico (Larus marinus) que crían por la zona así como varias gaviotas cabecinegras (LArus melanocephalus) que estaban en paso. Pero nuestros ojos buscaban en las rocas done había algún zarapito trinador (Numenius phaeops) en busca de una de las escasas parejas (unas pocas decenas en toda la Península) del limícola blanquinegro que recorre las rompientes en busca de bivalvos que comer.

A pesar de ser un invernante habitual en las costas cantábricas y atlánticas su presencia es menos numerosa que era,  recibiendo contingente de las poblaciones europeas en los humedales costeros. Mientras hablábamos de ello nos acercamos a una zona de la parte sur de a Illa y allí, mientras las gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) nos hacían saber que no éramos bien recibidos vimos varios ostreros. A disfrutar tocaba. Pronto nos dimos cuenta que en una pequeña roca, donde había dos ejemplares, había un ejemplar de primer verano. Lo teníamos, habíamos visto uno de los pollos del año de las escasas parejas. Se diferenciaba del adulto que lo acompañaba por su plumaje más tenue (marrón grisáceo en lugar de negro) y su pico con la punto negra. Tuve que arrancar a Eneko de la roca donde se sentó a ver como hasta un total de 5 ejemplares (una familia con 3 jóvenes) nos dieron un momento inolvidable no sin antes sacar unas fotos donde plasmar lo que os he contado.











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