Una ventana abierta a la naturaleza a través de los ojos de lo me apasiona: las Aves.

viernes, 7 de agosto de 2026

ALGUNOS DE LOS ESCASOS OSTREROS REPRODUCTORES

Ya os hemos contado que la gaviota guanaguanare era la responsable de que nuestra migración vacacional nos llevase a tierras pontevedresas. Pero una vez allí, y después de saber que en la zona donde estábamos criaban algunas de las pocas parejas reproductoras de ostrero euroasiático (Haematopus ostralegus) que hay en la Península (que se encuentran repartidas por el Delta del Ebro,  algunos puntos de la costa cantábrica y la Ría de Aorusa ). Desde ese momento este precioso limícola se convirtió en la obsesión de Eneko. Y no valía con verlos en las rocas que teníamos a la puerta del camping, había que buscar alguno anillado y sobre todo tratar de ver algún pollo del año con la enorme ilusión de ver alguna familia. Con esa intención recorrimos varias veces el Parque Natural de Carreirón, en el sur de a Illa de Arousa. Y como a cabezotas no nos gana nadie en el tema pajarero dimos con lo deseado. 

Como ya os he dicho, en el paseo de O Terrón, donde estaba nuestra caravana, ya pudimos ver algún grupo de este limícola de llamativo pico largo y rojo  alimentándose en las zonas donde roca y piedra se unen cuando la marea estaba bajando o subiendo. Con la llegada de la pleamar volaban en dirección a Carreirón y allí se posaron nuestras expectativas. Un par de paseos familiares para conocer las playas de este lugar maravilloso (en pocos sitios hemos visto playas tan bonitas) y reconocer los sitios donde podíamos buscar ostreros y tratar de verlos cerca.















Una mañana, temprano para evitar el flujo de gente que hay en estos meses en la zona y en sus playas, Eneko y yo nos fuimos a recorrer cada roca y cada playa de Carreirón para buscar lo que  Eneko tanto deseaba. En las rocas que emergen del agua pudimos ver un adulto de alguna de las pocas parejas de gavión atlántico (Larus marinus) que crían por la zona así como varias gaviotas cabecinegras (LArus melanocephalus) que estaban en paso. Pero nuestros ojos buscaban en las rocas done había algún zarapito trinador (Numenius phaeops) en busca de una de las escasas parejas (unas pocas decenas en toda la Península) del limícola blanquinegro que recorre las rompientes en busca de bivalvos que comer.

A pesar de ser un invernante habitual en las costas cantábricas y atlánticas su presencia es menos numerosa que era,  recibiendo contingente de las poblaciones europeas en los humedales costeros. Mientras hablábamos de ello nos acercamos a una zona de la parte sur de a Illa y allí, mientras las gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) nos hacían saber que no éramos bien recibidos vimos varios ostreros. A disfrutar tocaba. Pronto nos dimos cuenta que en una pequeña roca, donde había dos ejemplares, había un ejemplar de primer verano. Lo teníamos, habíamos visto uno de los pollos del año de las escasas parejas. Se diferenciaba del adulto que lo acompañaba por su plumaje más tenue (marrón grisáceo en lugar de negro) y su pico con la punto negra. Tuve que arrancar a Eneko de la roca donde se sentó a ver como hasta un total de 5 ejemplares (una familia con 3 jóvenes) nos dieron un momento inolvidable no sin antes sacar unas fotos donde plasmar lo que os he contado.











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martes, 4 de agosto de 2026

LA GUANAGUANARE HACE MI 20 ESPECIE GAVIOTERA

Si alguien me pregunta hasta que punto me gustan las aves les puedo responder que las vacaciones de este mes de julio, que hemos pasado en tierras pontevedresas en familia, nos han sido allí gracias a una preciosa gaviota americana. Se fraguaron hace un año cuando vimos que un ejemplar adulto de gaviota guanaguanare (Leucophaeus atricilla), antes llamada gaviota reidora americana, repetía verano en la Islas Cíes. Desde ese momento nuestro propósito era que si repetía por tercer año nuestra migración veraniega nos llevaría a esas islas que además no conocíamos. Y así ha sido.

El martes 14 de julio nos montamos en una lancha que nos llevaría a uno de los paraísos gallegos. No tardamos en pisar el embarcadero y nos pusimos a buscar entre las numerosas, aunque en grave descenso (este año han criado alrededor de 2000 parejas cuando lo hacían más de 10.000 hace unos años), gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) que pueblan cada ladera de la isla. Parecía fácil, teníamos que buscar la única cabeza negra pero tras un largo rato no aparecía y el hecho de que el día anterior la hubiesen visto en una playa de Vigo nos daba miedo.

Un paseo hasta el faro y vuelta para comer algo en la playa y de nuevo nada. Pero cuando estábamos comiendo el bocadillo por el rabillo del ojo vi una cabeza negra. Mirada hacía la playa y ahí llegaba volando hasta el arenal donde, impasibles y ajenos a la maravilla que tenían al lado, cientos de personas estaban a lo suyo. Nervios, carreras, bocadillos al suelo y a disfrutar de la más buscada. La verdad es que se portó muy bien pues se posó y se dedicó a buscar algo que llevarse al pico durante largo rato. La escena era bastante peculiar, mientras las gente tomaba el sol o jugaba a las palas, Eneko se lanzaba cuerpo a tierra para verla y fotografiarla como vais a ver y yo me dedicaba a explicar la situación a los que nos miraban viendo dos locos al otro lado.









La gaviota guanaguanare, o reidora americana, es una gaviota de tamaño medio muy parecida a nuestra gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus) de la que se diferencia por tener el pico más robusto, una ceja muy marcada sobre el negro de la cabeza, un dorso más oscuro y las patas oscuras. Es un ave con una distribución neártica, que se reproduce en Norteamérica, Centroamérica y el Caribe y que pasa el invierno (tras una migración corta) en Centroamérica y la parte mas septentrional de Sudamérica. Es un ave habitual en invierno en la Península con citas en diversos puntos de la costa y ahora tenemos la suerte de tener este ejemplar adulto que por tercer año repite en las Cíes. 

Como digo en el título hace la especie 20 de lárido que vemos en la Península y ya estamos pensando en ver la 21 que esperamos sea la también americana pipizcan aunque en nuestros sueños siempre estará la maravillosa Ross (una de las pocas especies para las que 700 km no será nada).








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martes, 28 de julio de 2026

ENEKO CONOCE LAS TABLAS DE DAIMIEL

Eneko sigue descubriendo lugares excepcionales para observar aves. Y no solo eso, sigue sumando especies nuevas para su vida pajarera y ya está cerca de 385 (con 12 años). El pasado mes de junio viajamos con Eli y unos amigos a las Tablas de Daimiel para conocer este humedal de referencia que años atrás estaba defenestrado por su mala gestión. Esta primavera las Tablas han estado muy bien  de agua y repletas de aves, entre ellas algunas de las más escasas de nuestra avifauna. Íbamos a ver si veíamos dos de estas y vaya si las vimos.

El primero que apareció fue el porrón pardo (Aythya nyroca). Este pato buceador es el más escaso de nuestras anátidas siendo un pato escondidizo y reservado al que le gusta estar entre al vegetación tan habitual en estos humedales de aguas someras de la planicie manchega. Nada más llegar a las primeras pasarelas de madera de la ruta de la Isla del Pan aparecieron varios de ellos que se dejaron ver a placer. 

El porrón pardo es una anátida buceadora, de ahí esa estructura de cabeza robusta y cuerpo aplanado cuando nada destacando los tonos rojizos de su plumaje tanto en macho como en hembra siendo la cabeza del primero de un color brillante donde destaca el blanco del iris del ojo mientras que la hembra tiene el plumaje más tenue y el color del mismo tono que el plumaje. Cuando vuelan destacan una bandas alares blancas así como el vientre le mismo tono.

En la Península es un ave muy escasas que a punto a estado de desaparecer en las últimas décadas por la pérdida de hábitat tras la desecación o las sequías de los humedales donde se reproduce. Es habitual en las Marismas del Guadalquivir y algunos puntos de la Mancha húmeda. Actualmente, y debido a la suelta de ejemplares criados en cautividad, se reproducen en otros puntos de la geografía (Levante, Cataluña o Extremadura) aliviando un poco la crítica situación que ha vivido, y aún vive, este precioso pato.







Del mismo modo que ocurre con el pardo la situación de la cerceta pardilla ha sido muy crítica y a día de hoy, pese a las mejoras derivadas de la suelta de ejemplares criados en cautividad, sigue siendo muy mala. Como en el caso anterior la pérdida de hábitat y en algunas zonas, la caza, ha hecho que la cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris) sea otra de las anátidas más escasas de nuestra avifauna. Tiene sus principales bastiones de reproducción en los humedales alicantinos (El Hondo), las marismas del Guadalquivir y algunos humedales manchegos. Es una especie que realiza movimientos migratorios hacía el norte de África. 

La cerceta pardilla es un pato nadador de color gris-pardo con unas motas de color amarillo terroso en los flancos, dorso y popa. Luce un bonito antifaz oscuro y en época de reproducción tienen un pequeño penacho de plumas en la nuca rodo ello terminado en un pico negro.

Vimos varios ejemplares a lo largo del paseo y donde más disfrutamos fue en una zona de vegetación palustre en la ruta que lleva a Prado Ancho.









Pero no solo de pardos y pardillas estuvo llena la jornada por las Tablas. Allí pudimos ver muchas otras especies acuáticas. Con las especies anteriores nadaba otro "cabezón" de precioso color naranja. Muchas eran las parejas de patos colorados en todas la tablas dando colorido al agua. También de llamativa cabeza roja, los porrones europeos, buceaban acompañados de los zampullines cuellinegros con su bonito penacho dorado.

Pato colorado macho

Porrón europeo


Zampullín cuellinegro

Finalizo la entrada con la observación que supuso la mayor ilusión para mí. Es cierto que ver especies de patos tan escasas es una pasada pero no lo es menos ver un macho de escribano palustre iberoriental (Emberiza schoeniclus witherbyi). Este es una subespecie endémica de los humedales de ámbito mediterráneo de esta especie que se encuentra en grave peligro de extinción ya que tiene su área de distribución muy fragmentada con un número muy bajo de parejas reproductoras (al igual que pasa con la subespecie iberoccidental de la misma). Esta subespecie se diferencia de la nominal (schoeniclus) por tener un menor tamaño y un pico más grueso.





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