El paso está candente por toda la Península, con influx de mosquitero silbador y papamoscas semiacollarado, y en la provincia con la laguna de El Oso como foco principal con varias canasteras, un chorlito gris, garcilla cangrejera, zarapitos trinadores y chorlitejo patinegro. Pero hoy nos vamos unos días atrás, cuando el azul fue el color del día..
Ya os conté que la Macaronesía era un punto de endemismos muy importante, como muchas islas donde los seres vivos han evolucionado aislados y han llegado a formas muy especiales. En la primera entrada del viaje a Tenerife me centré en las palomas de la laurisilva ya que eran objetivo principal del viaje. Os comenté también que había otra especie que era imprescindible en nuestros días en las islas. Vamos con esta maravilla.
Dentro de la isla tinerfeña hay varios hábitats que acogen a una serie de aves asociados a ellos. Si en los bosques de laurisilva las palomas son las protagonistas, la cañadas del Teide tienen los suyos, las zonas áridas del sur tienen otros diferentes o los parques urbanos son casa de otros muchos. Para ver al pinzón azul del Teide (Fringilla teydea) hay que recorrer los pinares de pino canario de la Corona forestal (las laderas del antiguo volcán que se derrumbó y sobre el que creció el techo de España).
La singularidad de esta especie es que solo vive, en todo el mundo, en estos pinares por lo que es la auténtica joya de la avifauna tinerfeña. Hasta hace no mucho se creía que vivía en la vecina isla de Gran Canaria pero no hace mucho se separaron ambas especies y cada isla tiene la suya propia.
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