La Campaña de conservación de los aguilucho cenizo (Circus pygargus) y aguilucho pálido (Circus cyaneus) ya ha comenzado. Desde ahora y hasta el mes de agosto un buen puñado de voluntarios recorreremos los campos de cultivo de La Moraña en busca de parejas de ambas especies para controlar la llegada de los pollos y, con la ayuda de los agricultores, ayudarlas a volar sin que las cosechadoras sean un problema para ellos.
Llevamos ya 6 años con esta Campaña, empezamos en 2021, en la que hemos ayudado a un buen número de aguiluchos cenizos y pálidos a volar en su primer año de vida. La sensación de ver como esos pollos a los que hemos visto desde el dron, a los que hemos visto crecer, a lo que hemos visto cambiar desde el plumón hasta estar completamente emplumados y a los que hemos visto volar es inexplicable y se convierte en una motivación impresionante para seguir adelante. Muchos de ellos han volado tras crecer dentro de un cercado que ponemos para evitar que las máquinas se los lleven y de manera indirecta para hacer más difícil a sus depredadores la llegada al nido.
Una de las cosas de las que más orgullosos estamos es que hace dos años conseguimos radiomarcar dos ejemplares adultos de aguilucho cenizo a los que pusimos los nombres de Madrigal, a un macho marcado en el pueblo del mismo nombre, y a Constanzana, una hembra de ese pueblo. La cantidad de información que dan estos dispositivos es enorme y nos encanta ver el viaje que hace esta especie tras la reproducción que la lleva a tierras africanas (Mali) para regresar cada primavera a la zona donde se reproduce (tienen una gran querencia)
Hace unos días supimos que Madrigal había regresado de nuevo a los campos morañegos donde le gusta campear y en nuestra salida para buscar parejas, nos propusimos buscar a nuestro macho. Tuvimos suerte y no tardamos en dar con él pues estaba aquerenciado a un campo recién segado donde buscaba micromamíferos o insectos con los que coger fuerzas para emprender la época de reproducción. Nos dio una alegría enorme volverle a ver a Madrigal tras su largo viaje que le ha llevado a cruzar el Estrecho y el desierto del Sáhara tanto de ida como de vuelta. Fijaros al final el impresionante viaje que hace (y la gente me sigue preguntando por qué me encantan las aves).























































