Una ventana abierta a la naturaleza a través de los ojos de lo me apasiona: las Aves.

jueves, 13 de junio de 2024

ESCONDIDAS ENTRE LOS ARBUSTOS

La primavera y el verano, además de momento de otras muchas especies, es momento de revisar los arbustos en busca de una de las familias más escurridizas y escondidizas de nuestra avifauna. Tras volver de su largo viaje al África subsahariana se instalan a las espinosas ramas de los rosales silvestres,  escaramujos o encinares de las laderas de media montaña abulense. En esta ocasión vamos a disfrutar de tres de estas bonitas viajeras: las currucas. Y lo haremos gracias a las fotos de Eneko.

La primera de ellas es una de las más agradecidas pues no duda en posarse en las ramas más altas para cantar mientras muestra su bonita garganta blanca (que le da el nombre en inglés). Llama la atención su cabeza grisácea y la coloración pardo-anaranjada en las partes superiores. La curruca zarcera (Curruca communis) es un habitante típico de hábitat de mosaico con zonas arbustivas y prados típicos de muchas sierras abulenses. 





La siguiente es la más grande de nuestras currucas y es un habitante muy típico de las zonas mediterráneas. Su canto es muy característico con un enorme parecido a del mirlo común y de ahí esa semejanza en el nombre. La curruca mirlona occidental (Curruca hortensis) luce una caperuza negra y un precioso ojo de iris amarillo sobre unos tonos grises y blancos del cuerpo. Al volar luce unas blancas rectrices negras antes de esconderse en los matorrales. Eneko anduvo detrás de varias de ellas y disfrutó de lo lindo tratando de pillarlas así de bien.










La última de ellas es una  de las tres especies que no hace mucho fue  separada como especie de lo que antes era la curruca carrasqueña. Pasó de ser una de las 5 subespecies de ella para ser una de las tres especies resultantes (la carrasqueña oriental y la subalpina son las otras). La curruca carrasqueña occidental (Curruca iberiae) llama la atención por los tonos rojizos de sus partes inferiores, el gris de  las superiores,  su bigotera blanca y su anillo ocular rojo. Es un habitante típico de las zonas mediterráneas donde abunda en jarales, brezales o encinares. 






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jueves, 6 de junio de 2024

LAS PRECIOSAS CARRACAS

Hace unos días Eneko descubrió uno de esos lugares imprescindibles del pajareo ibérico. Aprovechando que yo tenía un día de fiesta preparamos una salida al Parque Nacional de Mofragüe para disfrutar de las maravillas que hay allí en primavera a la que Juanra nos acompañó. El día fue excepcional en ese paraíso para muchas de las aves mediterráneas pero eso ya os lo contaré. Ahora voy con una parada que hicimos de regreso a Ávila, en la provincia de Toledo para ver un ave de las más bellas que podemos ver en nuestro territorio (una pena que en Ávila su reproducción solo sea un recuerdo).

No muy lejos de la parte abulense del Valle del Tiétar hay algunas parejas de carraca (Coracias garrulus) criando en una zona de cultivos atravesados por un tendido eléctrico donde se han instalado una cajas nidos para la especie que han sido muy bien acogidas por varias parejas de este bello ave migrador de un intenso color azul solo roto por el marrón de su dorso. Es una de las especies que has sufrido un fuerte declive debido a la pérdida de hábitat por le cambio de los usos del suelo y por el uso de insecticidas que acaban con su principal aporte alimentario. No en vano en nuestra región ha desaparecido como reproductor y yo aún me acuerdo los años donde veía una pareja en el entorno de Cabezas del Villar allá por 2013-14 que ya solo es eso, un recuerdo.

Nada más llegar a la zona detectamos dos parejas de este bello viajero que regresa de sus cuarteles de invernada en la parte tropical de África a mediados de mayo para iniciar una nueva época reproductora. Se mantenían posadas en los tendidos eléctricos oteando una parcela donde un tractor levantaba los insectos a por los que se lanzaba para volver a lo alto. Tuvimos suerte y vimos como se producía el intercambio de alimento entre los dos miembros de una pareja antes de que una de ellas se posase relativamente cerca y con buena luz, momento en que disfrutamos muchísimo de ella. 

Fue un momento mágico pues disfrutamos de esa especie de la que no podemos disfrutar muy a menudo.








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miércoles, 29 de mayo de 2024

LA MEJOR DE LAS AYUDAS

Que las aves son unas grandes aliadas del campo es algo que siempre contamos cuando hablamos de todas aquellas rapaces asociadas a los campos de cultivo. Y en estos meses en los que estamos trabajando con ahínco en La Moraña en la Campaña de Conservación de los aguiluchos cenizo y pálido lo estamos corroborando in situ. En esta comarca del norte de la provincia abulense hay una explosión de topillos  que ha traído consigo la proliferación de algunas aves que se alimentan de ellas. 

Una de ellas era una visitante exclusivamente invernal de nuestros campos a los que llegaban desde localidades más norteñas de las zonas más septentrionales de Eurasia. Pero coincidiendo con la abundancia de los topillos la especie ha pasado a reproducrise en la zona centro de la Península con fluctuaciones que dependen de esos años propicios para esos roedores que se convierten en la base de su dieta. Este año está siendo un año espectacular para esta rapaz "no tan" nocturna, pues aunque está dentro de esta familia de aves tienen unos hábitos semidiurnos  que hace que resulte factible verla a plena luz del día o cuando ya el sol va "cayendo" hacia el ocaso.

En nuestras salidas por los caminos de la zona de Madrigal de las Altas Torres tenemos varias zonas donde disfrutamos de los penetrantes ojos amarillos de la lechuza (o búho) campestre (Asio flammeus) mientras salen volando para ahuyentar a los abundantes milanos negros o regresan al nido con un malogrado roedor en sus garras. Hasta cuatro territorios hemos llegado a ver en una misma tarde por la zona, que sumado a otros tantos en otra zona cercana y dos más desperdigados hace que este año sea extraordinario para la especie y para nuestras observaciones de la misma.

Disfrutaremos al máximo con esta preciosa ave de vuelo y silueta característicos .


Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor


Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor


Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor



Foto: Eneko Leonor



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jueves, 23 de mayo de 2024

MOMENTO EXCLUSIVO DE LAS SIERRAS ABULENSES

 Hoy, de nuevo, he vivido uno de esos momentos que ponen la piel de gallina. Si en la anterior entrada hablaba del pechiazul en ésta lo voy a hacer del que para mí, es el sonido más emocionante de los que puedo oír en el campo. Es un sonido que me emociona y a partir  de ahora, se sumará a esta emoción Eneko. Tanto él como yo teníamos la ilusión, él de verlo y escucharlo por primera vez en su vida y yo de reencontrarme con ellas, de disfrutar del vuelo nupcial de la agachadiza común (Gallinago gallinago). Y hasta un lugar de la sierra de la Paramera nos hemos acercado.

Siempre suelo contar que la agachadiza común, a pesar de ser muy común en pasos e invernada en los humedales interiores, cuando llega la época de reproducción y la mayoría de ejemplares parten hacia en norte, un pequeño número de parejas (no muchas más de 100) se quedan en las sierra abulenses a criar. Es en este momento cuando la cabrilla (como se la llama por aquí ) hace su espectacular parada nupcial o sus vuelos territoriales en los que tras elevarse a gran altura se deja caer en picado sacando sus plumas rectrices (de la cola) más externas y haciendo un ruido muy característico al roce con el aire.

Tras disfrutar de muchos de los inquilinos de los matorrales, los prados o los árboles nos hemos sentado sobre una roca a esperar, cerca de un prado encharcado muy propicio para la especie. Se ha hecho de rogar pero cuando la tarde ya caía, ha aparecido volando y se ha dejado caer muy cerca de nosotros. No ha tardado en volar para sumar al canto de alondras, totovías o currucas zarceras su maravilloso sonido y volver a la seguridad del prado donde se ha quedado. 

Es una sola foto la que hemos podido sacar pero refleja a la perfección el momento mágico que hemos vivido.


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domingo, 12 de mayo de 2024

EL MOMENTO DEL PECHIAZUL

 La primavera tardía trae uno de los momentos mágicos del pajareo. El pasado fin de semana, dentro del curso de aves que realiza la Diputación de Ávila año tras año (y ya van 10) me tocó acompañar al grupo de pajareros a la plataforma de Gredos con la idea de disfrutar de las aves de alta montaña, de las que les hablé en la ponencia del viernes, y sobre todo con el objetivo de disfrutar del Ruiseñor pechiazul (Luscinia svecica) en el momento álgido de su cortejo.

La mañana estaba fría y amenazaba con que la niebla cubriese las montañas y nos impidiese al menos buscar al más bonito de las sierra abulenses. En este mes de mayo los machos de pechiazul, después de regresar de sus cuarteles de invernada, aprovechan lo alto de los piornos donde la pareja establece su nido, para cantar  y mostrar la preciosa medalla azul que le da nombre. Con la ilusión de muchos de verlo por primera vez, y de los demás de reencontrarnos con esta maravilla, nos apostamos en los piornos. El viento hacía difícil que las aves saliesen del abrigo de los arbustos y corría el tiempo sin que viésemos más allá que algún vecino del más deseado. Nos cambiamos de masa de piorno y apareció la primera y fugaz, observación de un macho que salió volando, mostrando su preciosa cola rojiza, antes de posarse en la alto durante unos segundos para desaparecer. Ya estaba visto pero solo por algunos de nuestros acompañantes, y eso es algo que cuando guías un grupo deja mal sabor de boca. Había que insistir.

A lo lejos vimos otro pero no era una observación buena así que decidimos cambiar de nuevo y el momento quedará grabado en la mente de todos los que pudimos vivirlo. Eneko fue el que dio la voz de alarma. Un preciso macho estaba cantando en lo alto del piorno. Todo el mundo prismático a los ojos, creyendo que la observación sería fugaz pero nada más lejos de la realidad. Se mantuvo varios minutos para que todos los disfrutasen de manera inolvidable. Eneko le pudo captar en todo su esplendor a pesar del día.









Poco antes el protagonismo lo tuvo otro de los deseos de ese día. Ya habíamos visto un macho de roquero rojo en la zona de calzada pero estaba muy lejos para disfrutarlo. En esta ocasión la observación fue inmejorable pues pudimos ver al macho y la hembra sobre uno de los roquedos en los que les gusta estar, apostados en lo alto vigilantes ante cualquier insecto que se mueva entre la hierba de las partes bajas. El macho tuvo la curiosidad de acercase al lugar donde estábamos para que viésemos el precioso patrón de color que tiene y que le hace ser uno de los más vistosos de la alta montaña



El más abundante de todo el recorrido que hicimos fue, como suele ser habitual en esta ruta, el acentor común (Prunella modularis). En cualquier punto de la subida, desde el propio parking, pasando por la calzada, las rocas que acompañan la subida o los piornos donde buscábamos al pechiazul aparecía este pajarillo de tonos grises . Son muy confiados y se suelen mostrar sin pudor, cantando sobre los arbustos. Un poco menos pero también numerosas fueron  las collalbas grises (Oenanthe oenanthe) que volaban a nuestro paso de roca en roca .













Termino con uno de los sonidos de Gredos y de muchas de las sierras abulenses. Llegados no hace mucho de sus viajes lanzan al aire su sonido los preciosos escribanos hortelanos (Emberiza hortulana) antes de descubrir su espectacular patrón facial con la cabeza gris y el anillo ocular y bigotera de un amarillo destacado. Les gusta subirse a lo alto de las rocas y, mirando hacía el cielo por el que vuelan, lanzar su metálico canto.



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