Voy con el regalo que nos dio Galicia en nuestras vacaciones. Ya os conté que el objetivo del viaje era la gaviota guanaguanare. Además queríamos buscar alguna de las escasas parejas reproductoras de ostrero euroasiático. Por último queríamos conocer algunos lugares emblemáticos del pajareo nacional como el CIUG (Complejo intermareal Umia-Grove). Todo ello lo conseguimos. Pero una vez allí saltó la sorpresa, y lo que parecía un regalo del lugar hacia nosotros. Nuestro amigo Mateo (mil gracias por todo) nos informó que una garceta dimorfa (Egretta gularis), que se vio días atrás en la ría de Vigo, se volvía a ver esta vez cerca de Arcade. No estaba muy lejos del camping así que una mañana nos acercamos a esta zona intermareal y a las salinas d´Ullo.
A primera hora ya estábamos en uno de los costados de la ría prospectamos cada zona de agua donde no faltaban las garcetas comunes. Pero de la gularis ni rastro. Si que vimos un águila pescadora posada en el suelo y numerosas gaviotas reidoras y patiamarillas. Cambiamos de lugar y nos acercamos a desayunar a Arcade después de buscar en la parte cercana al pueblo pero solo veíamos algunas garzas reales y lo visto desde el lado contrario. De nuevo a otro lugar, en este caso a las salinas d´Ullo donde nos recibió un flamenco común que llevaba un tiempo por allí. Aquí nos encontramos con varios pajareros locales con los que hablamos de la más buscada y nos dieron pautas para buscarla.
Pero llegaba la hora de volver al camping donde nos esperaba el resto de familia. Pero decidimos, empujados por Eli, quedarnos un poco más por si aparecía la dimorfa. De nuevo a las salinas pero esta vez caminamos hasta un espigón donde teníamos una visión más amplia de la ría. Y el regalo nos llegó. A lo lejos, en una orilla donde estaban numerosas garcetas comunes, voló una garceta de tonos oscuros. Allí estaba, eso si muy lejos, la que hasta ese momento nos había dado esquinazo. La disfrutamos unos minutos y decidimos tratar de verla más cerca. Pero la cosa estaba difícil y un nuevo encuentro con los colegas nos confirmó que se había marchado, ya con marea alta, y que no sabían donde se había ido. El bajón inicial se convirtió en enorme emoción cuando, ya casi al irnos, miramos unos árboles secos donde resaltaban unos puntos blancos. Una revisión rama a rama nos dio con la preciosa garceta dimorfa. Buscamos un sitio con buena visión para disfrutarla después del esfuerzo que nos costó localizarla (a cabezotas en pajareo no nos gana nadie).
Gracias por seguir el blog
Saludos abulenses



















































