Final de las vacaciones y vuelta a la bendita rutina. Después de dos meses entre unos días por Galicia, alguno por Íscar, un par de campamentos, y finalizando por Sepúlveda ya estamos de nuevo en marcha y una de las cosas que lo atestiguan es que vuelvo a escribir sobre lo que hemos visto en estos dos meses. Ha habido muchas salidas y de mucha calidad, como os enseñé en la anterior, yo voy con una muy especial.
En uno de los momentos en que hemos estado en Ávila subí a las cumbres abulenses en busca del pajarillo más bonito que existe (al menos para mi lo es). Juanra y yo paseamos entre los piornos, sin rastro de amarillo en estas fechas, en busca de algún ruiseñor pechiazul (Luscinia svecica) de los que se reproducen en las laderas de las sierras de la provincia. Buscábamos alguno pero lo que vimos fue increíble e inolvidable.
Hasta tres machos pudimos ver nada más empezar la ruta en lo alto de las ramas y en un poste de los que delimitan las fincas y prados de altura. Pero el éxtasis nos llegó a media mañana cuando vimos una familia a escasos metros de nosotros donde dos adultos, macho y hembra, y dos jóvenes se movían en el suelo o entre las ramas a escasos metros de donde Juanra y yo estábamos sentados atónitos por lo que estábamos viendo. Las siguientes fotos pueden haceros una idea del maravillosos momento que vivimos.
Con el pechiazul pudimos ver muchos pajarillos que pasan el verano en los piornos abulenses como este escribano hortelano (Emberiza hortulana) que se afanaba en buscar alimento para sus pollos, que pasaban desapercibidos entre algunas ramas.
Ya de vuelta Juanra me comentó que le gustaría " ver un abejero bien visto" pues habíamos visto uno de pasada mientras íbamos en el coche. Ducho y hecho, un preciosos ejemplar voló sobre nosotros para cerrar un día inolvidable en el que solo nos faltó Eneko al lado (estaba de campamento).

Gracias por seguir el blog
Saludos abulenses



























































