La pasada semana ha sido la del flamenco en la provincia de Ávila. No es porque por aquí hayan pasado los mejores cantaores o bailaoras de este movimiento artístico sin porque, quizás venidos del mismo sitio donde está la cuna del mismo, han aparecido por varios humedales esas hermosas zancudas de colores rosados y pico singular. En total han sido tres los sitios donde hemos podido ver grupos, con un total de 18 ejemplares, de flamencos comunes (Phoenicopterus roseus) en su momento de dispersión tras la época reproductora.
El primer grupo de ellos los vi un día muy especial, que ya os contaré, en la Laguna de El Oso. Allí se llevaban viendo desde finales de agosto tres ejemplares de estas aves fenix que parecen sacadas de un libro de animales fantásticos. Aunque hasta hace no mucho eran raros en este paraíso abulense llevamos varios años donde aparecen de manera regular por allí. Se alimentaban en lo que queda de lámina de agua junto a otras especies.
Al segundo grupo, que constaba de 5 individuos, los vimos en el embalse de Serones. Este embalse es un lugar de referencia en el paso postnupcial para varias especies pero es la primera vez que se detectan estos rosados patilargos que no paraban de alimentarse en la cola del embalse. En este caso estaban acompañados de un grupo de espátulas comunes y hace un par de días seguían por allí.
Por último vimos un grupo formado por 10 aves en el lugar donde es más factible verlos, por la cercanía de embalses donde su presencia es regular: el embalse de Rosarito. En unos remansos de agua que hay en el recorrido del río Tiétar en la zona del Mirlo Blanco, vimos al grupo acompañados de un gran número de ardeidas (garzas reales, garcetas comunes, garcetas grandes y garcillas bueyeras). Este embalse es el primero en el que pensamos cuando hablamos de esta especie.
El flamenco común es una especie con las zonas de reproducción más cercanas en la Mancha Húmeda (Manjavacas), la laguna de Fuente de Piedra, las Marismas del Guadalquivir o el Delta del Ebro y en los momentos de dispersión tras esa época aparecen en otros lugares de la Península (incluso en Galicia o Cantabria) llegando a Castilla y León (ahora los hay también en Segovia) y a nuestros humedales para disfrute de los que los hemos podido ver.
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