Una ventana abierta a la naturaleza a través de los ojos de lo me apasiona: las Aves.
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martes, 20 de mayo de 2025

LA SIERRA DE OJOS ALBOS EN SU ESPLENDOR

 Cuando la primavera está entre nosotros y las aves estivales van llegando nos hace mucha ilusión la primera vez que vemos una especie después de varios meses lejos de nosotros. Una tarde decidimos ir a buscar varias de estas maravillosas viajeras a una Sierra cercana a la capital. 

Al que más buscamos en los cortados graníticos es una de las más bonitos  paseriformes de nuestra avifauna. La preciosa cabeza azulada con su cuerpo rojizo y sus alas negras del macho ayudan, junto con su gusto por colocarse en las partes altas, a encontrar al roquero rojo (Monticola saxatilis). Es un habitante de las montañas abulenses y la zona que recorríamos era una de las habituales para ellos. En los últimos años la especie ha sufrido una regresión muy importante y en este lugar se ha notado pues ha pasado de tener varias parejas a ser una o dos las que se reproducen.

Nos costó encontrarlo pero al final pudimos disfrutar muchísimo con sus preciosos colores.





También disfrutamos mucho con una especie que no se reproduce en esa Sierra y a la que pillamos de viaje a sus zonas de reproducción en el norte de la Península o en otros países europeos. Es una de las protagonistas de postnupcial pues las vemos en buenos números y en el prenupcial se hace más de rogar. Por eso ver a este macho de tarabilla norteña (Saxicola rubetra) en todo su esplendor nos alegró el inicio de la ruta.





Otro de los protagonistas del lugar es uno de los bisbitas que regresan de África. En este caso es el que busca laderas con vegetación baja para sacara adelante una nueva generación de campestres. Fue el último en aparecer y en mostrar su característica silueta de cuerpo alargado y cola larga con tonos pardo amarillentos. Nos gusta mucho ver al bisbita campestre (Anthus campestris) entre las hierbas mientras busca insectos.




Durante todo el recorrido hubo una especie que nos acompaño de manera omnipresente. No había apenas zonas sin su pareja de collalba rubia occidental (Oenanthe hispanica). Los machos se mostraban pechados sobre algún matorral o encina, o sobre alguna roca con su llamativo plumaje de tonos blancos y anaranjados con el ala y la cara de un negro intenso. Las hembras sin embargo, trataban de pasar desapercibidas entre las rocas.




Pero si algo lleno de ilusión a Eneko fue poder fotografiar al Cuco (Cuculus canorus). Para él era una de esas especies que siempre había visto de manera fugaz o había escuchado pero apenas había visto posado. Así que al verlo y con toda la emoción consiguió retratarle mientras llenaba el valle con su "cu cu".



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domingo, 1 de septiembre de 2024

A POR LAS ALPINAS DE ALTO CAMPOO

 Acabadas las vacaciones volvemos a Ávila con muchos momentos inolvidables, con muchos lugares conocidos y con un montón de especies en la retina. Y con miles de fotos de todo lo visto así que poco a poco iremos sacando todo lo visto. Empiezo con una salida alpina de nuestro viaje cántabro. Todo viaje tiene algún lugar fetiche donde ir a ver pájaros, algunas especies que son ineludibles y un objetivo prioritario. 

En nuestros días por Cantabria el objetivo era el gorrión alpino (Montifringilla nivalis). Se nos había escapado en una subida a Fuente Dé de hace un par de años y Eneko tenía ganas de ver este precioso paseriforme que cría en los prados de alta montaña de la Cordillera Cantábrica y el Pirineo. Este precioso pajarillo con unas llamativas alas de color marrón y blanco sobre un cuerpo y cabeza grises y pálidos es una se las joyas de la alta montaña y sabíamos que en el entorno de la estación de esquí de Alto Campoo había alguna pareja criando. 

Llegamos pronto al lugar, espectacular a todas luces, para buscar si espectacular silueta donde, en vuelo, resaltan las franjas blancas de sus alas. En toda la subida nos acompañaron otros alpinos (que ahora veréis) pero los gorriones no se dejaban ver. Ya de vuelta, de una zona alta, salieron volando tres pajarillos llamativamente blancos que volaron sobre nosotros para posarse en unos cables de los remontes. No dudamos desde que aparecieron que allí estaban. De los cables bajaron al suelo y pudimos disfrutar de tres ejemplares nacidos este año de este bonito pajarillo. Y Eneko, tras la primera emoción, pudo sacarlos así de guapos.


Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Otra especie alpina, a la que hay que subir a ver a mucha altura,  que Eneko quería ver era el acentor alpino (Prunella collaris) ya que la anterior observación no la recordaba mucho. Éstos tardaron bastante menos que los anteriores en dejarse ver. A media subida, en el entorno de la parte superior del remonte, se alimentaban en el suelo tres ejemplares que se mostraban muy tranquilos. Volaban de un lado al otro del camino, de una roca a un prado, de ahí a un tejado o a una estructura de metal para finalmente posarse en una roca y mostrar su precioso plumaje rojizo en las partes inferiores y grises en las superiores. 

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

La tercera alpina del día era la más abundante. Empezamos a verla desde el aparcamiento y no dejamos de verla en todo el recorrido. Principalmente se movían en los prados pero no dudaban en posarse en los vallados que acompañan al camino hasta la zona alta. El bisbita alpino (Anthus spinoletta) juega con su críptico plumaje (de tonos marrones y grises) para pasar desapercibido en el suelo dejando ver su bonita cola, con las plumas externas blancas, cuando vuela. En nada los veremos en humedales de baja altitud pero mientras tanto se mueve en las zonas encharcadas y praderías de la alta montaña.


Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

Vimos muchas aves más y nos hizo especial ilusión ver un pollo del año de Roquero rojo (Monticola saxatilis) que observaba desde lo alto de las rocas de este maravilloso lugar. con el que nos despedimos.

Foto: Eneko Leonor

Foto: Eneko Leonor

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domingo, 12 de mayo de 2024

EL MOMENTO DEL PECHIAZUL

 La primavera tardía trae uno de los momentos mágicos del pajareo. El pasado fin de semana, dentro del curso de aves que realiza la Diputación de Ávila año tras año (y ya van 10) me tocó acompañar al grupo de pajareros a la plataforma de Gredos con la idea de disfrutar de las aves de alta montaña, de las que les hablé en la ponencia del viernes, y sobre todo con el objetivo de disfrutar del Ruiseñor pechiazul (Luscinia svecica) en el momento álgido de su cortejo.

La mañana estaba fría y amenazaba con que la niebla cubriese las montañas y nos impidiese al menos buscar al más bonito de las sierra abulenses. En este mes de mayo los machos de pechiazul, después de regresar de sus cuarteles de invernada, aprovechan lo alto de los piornos donde la pareja establece su nido, para cantar  y mostrar la preciosa medalla azul que le da nombre. Con la ilusión de muchos de verlo por primera vez, y de los demás de reencontrarnos con esta maravilla, nos apostamos en los piornos. El viento hacía difícil que las aves saliesen del abrigo de los arbustos y corría el tiempo sin que viésemos más allá que algún vecino del más deseado. Nos cambiamos de masa de piorno y apareció la primera y fugaz, observación de un macho que salió volando, mostrando su preciosa cola rojiza, antes de posarse en la alto durante unos segundos para desaparecer. Ya estaba visto pero solo por algunos de nuestros acompañantes, y eso es algo que cuando guías un grupo deja mal sabor de boca. Había que insistir.

A lo lejos vimos otro pero no era una observación buena así que decidimos cambiar de nuevo y el momento quedará grabado en la mente de todos los que pudimos vivirlo. Eneko fue el que dio la voz de alarma. Un preciso macho estaba cantando en lo alto del piorno. Todo el mundo prismático a los ojos, creyendo que la observación sería fugaz pero nada más lejos de la realidad. Se mantuvo varios minutos para que todos los disfrutasen de manera inolvidable. Eneko le pudo captar en todo su esplendor a pesar del día.









Poco antes el protagonismo lo tuvo otro de los deseos de ese día. Ya habíamos visto un macho de roquero rojo en la zona de calzada pero estaba muy lejos para disfrutarlo. En esta ocasión la observación fue inmejorable pues pudimos ver al macho y la hembra sobre uno de los roquedos en los que les gusta estar, apostados en lo alto vigilantes ante cualquier insecto que se mueva entre la hierba de las partes bajas. El macho tuvo la curiosidad de acercase al lugar donde estábamos para que viésemos el precioso patrón de color que tiene y que le hace ser uno de los más vistosos de la alta montaña



El más abundante de todo el recorrido que hicimos fue, como suele ser habitual en esta ruta, el acentor común (Prunella modularis). En cualquier punto de la subida, desde el propio parking, pasando por la calzada, las rocas que acompañan la subida o los piornos donde buscábamos al pechiazul aparecía este pajarillo de tonos grises . Son muy confiados y se suelen mostrar sin pudor, cantando sobre los arbustos. Un poco menos pero también numerosas fueron  las collalbas grises (Oenanthe oenanthe) que volaban a nuestro paso de roca en roca .













Termino con uno de los sonidos de Gredos y de muchas de las sierras abulenses. Llegados no hace mucho de sus viajes lanzan al aire su sonido los preciosos escribanos hortelanos (Emberiza hortulana) antes de descubrir su espectacular patrón facial con la cabeza gris y el anillo ocular y bigotera de un amarillo destacado. Les gusta subirse a lo alto de las rocas y, mirando hacía el cielo por el que vuelan, lanzar su metálico canto.



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