Una ventana abierta a la naturaleza a través de los ojos de lo me apasiona: las Aves.
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miércoles, 5 de febrero de 2025

LAS TRES SERRETAS EN UN MES

 Cierro el viaje de Galicia para abrir la salida que hemos hecho este pasado fin de semana a tierras cántabras. Y lo hago de la mano de tres patos muy peculiares que llegan a nuestras costas en invierno. De ellas hay una que es bastante habitual en las bahías y rías cantábricas, aunque este invierno están caras, mientras que las otras dos son escasas. Empezaré por orden cronológico. 

El último objetivo que teníamos en el primer viaje del año a A coruña estaba en Valdoviño. Allí se estaba viendo una serreta grande (Mergus merganser) bastante confiada en la zona de la playa. Era un día muy lluvioso y eso nos hacía presagiar que nos iba a costar un poco encontrarla pero nada más lejos. Fue Eneko el que nos dio la voz de alarma, tenía a la serreta buceando en el recodo final de la laguna, ya pegada a la arena y entre rocas. Estaba algo lejos pero nos emocionó ver como se sumergía y salía a la superficie para enseñarnos esa preciosa cabeza marrón bien definida sobre un cuerpo blanco y gris. Muy bonito es el pico largo y rojo. 

Es un ave que cría en zonas muy norteñas de Eurasia, aunque hay algunas parejas en Reino Unido, que llegado el otoño migra hacia el mar báltico llegando algún ejemplar un poco más al sur que es cuando aparecen en algún punto de la costa ibérica. Para mi era la segunda observación pues ya tuvimos ocasión de verla en Ledesma (Salamanca) junto a nuestro amigo Miguel Rodríguez. Fue una observación muy buena a pesar de la lluvia y el viento pues no dudó en salir del agua a descansar y volver al agua para retomar sus zambullidas.









La segunda de las serretas es otra de las escasas y quizás la más difícil de ver de las tres por su pequeño tamaño y su gusto por estar en zonas de vegetación. Para verla tuvimos que ir a Lanchares, una pequeño población cántabra de la orilla del embalse del Ebro. De nuevo  tuvimos que pasar un frío importante y sufrir la lluvia que nos acompañó gran parte del viaje. Tras buscar en unas pequeñas charcas del extremo de las lagunas de la zona no hubo suerte. Cambiamos de sitio y de nuevo en blanco.

Cuando ya nos íbamos vimos un grupo de patos bastante grande. Como no hay que dejar nada por revisar, telescopio al suelo y a mirar. Había silbones europeos y un grupo importante de cercetas comunes. Revisando a las más pequeñas cuando el corazón dio un vuelco. Entre ellas había un pequeño pato de tonos grises con las mejilla blanca y la parte superior de la cabeza marrón. Empecé a saltar y a llamar a todos los amigos con los que he viajado que no tardaron en dar con la hembra de serreta chica (Mergellus albellus)  que tanto ansiábamos.

Esta miniatura de serreta cría en bosques boreales de Escandinavia y Siberia que inverna en los mares y costas de los mares Bálticos y del Norte llegando al sur en algunas ocasiones como ésta que ha elegido este frío lugar cántabro.




La última es la más habitual ya que suele invernar de manera regular en varios puntos de la costa cantábrica aunque este año no han llegado hasta allí desde el norte de Eurasia o Groenlandia en su migración invernal. Este invierno no se habían visto en Cantabria hasta el pasado sábado cuando aparecieron dos ejemplares en la bahía de Santander, en la zona de Raos. El domingo compartimos la observación de las serretas medianas (Mergus serrator) con un buen puñado de amigos burgaleses, madrileños o cántabros.  Destacaba su preciosos pico largo y estrecho y la cabeza despeinada.



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martes, 14 de enero de 2020

¡ SERRETA GRANDE EN SALAMANCA !

Muchas veces me preguntan por que me gustan tanto las aves. ¡Estas loco, levantarte a las 7:00 de la mañana para ver pájaros! me dicen sorprendidos. ¡10 horas viendo pájaros sin parar! exclaman cuando les digo lo que puedo estar observando acuáticas.  Pues podría empezar a decir el porque pero me llevaría largo rato expresar lo que siento cuando estoy en el campo disfrutando de la avifauna que me rodea. Pero voy con una de esas razones.

Y es que no me contradeciréis cuando os cuento que es maravilloso lo que he vivido ayer en Salamanca en compañía de un gran ornitólogo, y amigo (Gracias Miguel por darme uno de los momentos inolvidables de mi vida pajarera), de Juanra y de dos amigos (Víctor Salvador y Miguel Mangas) a los que conocí buscando un precioso pato marino.

Parece mentira pero mis tres últimos bimbos (primera observación de una especie) de aves marinas hayan sido en una Comunidad con unas costas tan extensas como Castilla y León (perdonad la ironía). Si hace unos meses pude ver una Gaviota de Sabine en Villafáfila y un Falaropo Picogrueso en Ávila, ayer pude disfrutar de un ejemplar joven de Serreta Grande (Mergus merganser) en un bonito lugar salmantino bañado por el río que compartimos ambas provincias. Y eso que la cosa pintaba regular.

Desde que la descubriese Miguel Rodríguez el día 2 de enero (menudo estreno del año) había querido acercarme pero no se había dado la ocasión. Este domingo tenía la mañana para acercarme aunque las dificultades eran dos. La primera es que el propio Miguel no la había visto unos días antes pese a recorrer un gran tramo del río con lo que era posible que hubiese marchado. La otra era la niebla que se avecinaba esa mañana y que se cumplió gran parte de la mañana. Una espesa niebla nos recibió y apenas si nos dejaba ver unos metros que fueron los necesarios para, al poco de empezar, darnos la alegría de ver pasar a la más buscada volando río arriba. Media vuelta y a por ella. Pero, tras un par de kilómetros no habíamos dado con ella.  Tocaba darse la vuelta y era el momento en que levantaba la niebla.

Pero la esperanza es lo último que se pierde, y esa mañana lo corroboré. Cuando estábamos de vuelta, Miguel M vio un pato de pecho blanco en una piedra. Allí estaba, descansando la Serreta Grande que deseábamos ver. Pero se comportaba de manera muy huidiza y nada más vernos salió nadando aguas abajo. Seguimos hacia donde se había ido y al poco la relocalizamos en mitad del río, nadando despreocupada y pudimos disfrutar un buen tiempo de ella. Cuando tratamos de acercarnos un poco para ver si podíamos sacar una foto testimonial de la observación, salió volando aguas abajo y allí la dejamos, tranquila en alguna zona remansada del gran Tormes. 

Con la sonrisa en la cara nos fuimos de este precioso lugar que este invierno tiene a este bonito pato de presencia escasa en los inviernos en la Península, asociada en esa época a zonas de costa. Durante el periodo reproductor la mayor población está al norte de Europa (Escandinavia o Rusia) con algunos puntos de reproducción algo más al sur. Destaca en esta época su bonita cabeza marrón bien definida respecto al cuello y pecho blancos. El dorso es de color grisáceo y destaca su pico de color rojo.

Pude tirar alguna foto pero son un desastre así que agradezco a Miguel Rodríguez que me dejase un par de ellas, de otra de sus visitas,  para que disfrutéis de la Serreta Grande, la gran protagonista de la invernada castellana.


Foto: Miguel Rodríguez

Foto: Miguel Rodríguez
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