Momentos mágicos. Eso es lo que muchas veces buscamos en nuestras salidas al campo. Momentos que te hacen sentir algo que va más allá por el lugar donde estás disfrutando, por la compañía que tienes al lado o por la especie que tienes delante. Ese momento mágico ha pasado hace unos días, y varias veces, en nuestro viaje a Tenerife. Elia y Eneko tenían muchas ganas de conocer las Islas Canarias, cada uno por un motivo. Elia quería volar en avión y conocer las playas de las islas mientras que Eneko tenía una lista de 12 especies escrita para tratar de bimbar. Ambos han disfrutado mucho de ambas cosas y en lo ornitológico han sido 14 las especies vistas por primera vez por Eneko mientras que en mi caso han sido 3 ( conpardela chica macaronésica o de Baroli como sorpresón). Agradecer a Juanjo y a Antonio su ayuda para movernos por la Isla).
Os voy a enseñar las dos especies a las que más tiempo he dedicado y no porque nos haya costado dar con ellas, sino porque para mí son las especies fetiche del viaje (junto a uno que solo vive en esta isla). Hemos vivido un momento mágico primero por el lugar. El bosque de laurisilva, esa selva fósil que cubría hace 20 millones de años un amplio territorio en el Mediterráneo y que hoy ha quedado acantonado a las islas macaronésicas, es un bosque húmedo formado principalmente por laureles acompañados la faya o el brezo canario así como de especies trepadoras y líquenes.
También fue mágico por poderlo disfrutar con la familia, en todas las salidas con Eneko, y en algunas de ellas con Elia y Eli. Finalmente fue mágico por la maravillosa observación de las palomas de la laurisilva. Este bosque es un reducto con una biodiversidad enorme, principalmente de invertebrados, en la que sobresalen, dentro de las aves, dos colúmbidos que solo viven en las islas más occidentales de Canarias (donde sobrevive la laurisilva).
La primera de las dos es la paloma turqué (Columba bollii), una preciosa paloma de tonos gris azulados (en dorso alas y cabeza), de pecho pecho y tripa rosáceas y con un diseño de cola que lo diferencia de su compañera de casa, con una línea horizontal más clara en el centro de la misma. Tuvimos la suerte de encontrar algunas de ellas en el maravilloso Barranco Ruíz, el mirador del Lance, Anaga y en el mirador del Lomo Molino, en al zona de Teno. Lo mejor es detectarla mientras vuelan para posarse en lo alto de los laureles que es cuando puedes verlas con tranquilidad y cuando Eneko las sacó así de bonitas.































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