Ya os hemos contado que la gaviota guanaguanare era la responsable de que nuestra migración vacacional nos llevase a tierras pontevedresas. Pero una vez allí, y después de saber que en la zona donde estábamos criaban algunas de las pocas parejas reproductoras de ostrero euroasiático (Haematopus ostralegus) que hay en la Península (que se encuentran repartidas por el Delta del Ebro, algunos puntos de la costa cantábrica y la Ría de Aorusa ). Desde ese momento este precioso limícola se convirtió en la obsesión de Eneko. Y no valía con verlos en las rocas que teníamos a la puerta del camping, había que buscar alguno anillado y sobre todo tratar de ver algún pollo del año con la enorme ilusión de ver alguna familia. Con esa intención recorrimos varias veces el Parque Natural de Carreirón, en el sur de a Illa de Arousa. Y como a cabezotas no nos gana nadie en el tema pajarero dimos con lo deseado.
Como ya os he dicho, en el paseo de O Terrón, donde estaba nuestra caravana, ya pudimos ver algún grupo de este limícola de llamativo pico largo y rojo alimentándose en las zonas donde roca y piedra se unen cuando la marea estaba bajando o subiendo. Con la llegada de la pleamar volaban en dirección a Carreirón y allí se posaron nuestras expectativas. Un par de paseos familiares para conocer las playas de este lugar maravilloso (en pocos sitios hemos visto playas tan bonitas) y reconocer los sitios donde podíamos buscar ostreros y tratar de verlos cerca.
Una mañana, temprano para evitar el flujo de gente que hay en estos meses en la zona y en sus playas, Eneko y yo nos fuimos a recorrer cada roca y cada playa de Carreirón para buscar lo que Eneko tanto deseaba. En las rocas que emergen del agua pudimos ver un adulto de alguna de las pocas parejas de gavión atlántico (Larus marinus) que crían por la zona así como varias gaviotas cabecinegras (LArus melanocephalus) que estaban en paso. Pero nuestros ojos buscaban en las rocas done había algún zarapito trinador (Numenius phaeops) en busca de una de las escasas parejas (unas pocas decenas en toda la Península) del limícola blanquinegro que recorre las rompientes en busca de bivalvos que comer.
A pesar de ser un invernante habitual en las costas cantábricas y atlánticas su presencia es menos numerosa que era, recibiendo contingente de las poblaciones europeas en los humedales costeros. Mientras hablábamos de ello nos acercamos a una zona de la parte sur de a Illa y allí, mientras las gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) nos hacían saber que no éramos bien recibidos vimos varios ostreros. A disfrutar tocaba. Pronto nos dimos cuenta que en una pequeña roca, donde había dos ejemplares, había un ejemplar de primer verano. Lo teníamos, habíamos visto uno de los pollos del año de las escasas parejas. Se diferenciaba del adulto que lo acompañaba por su plumaje más tenue (marrón grisáceo en lugar de negro) y su pico con la punto negra. Tuve que arrancar a Eneko de la roca donde se sentó a ver como hasta un total de 5 ejemplares (una familia con 3 jóvenes) nos dieron un momento inolvidable no sin antes sacar unas fotos donde plasmar lo que os he contado.
Gracias por seguir el blog
Saludos abulenses
























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