Este pasado mes de junio ha sido una auténtica locura aguiluchera. Estamos inmersos en la Campaña de conservación de los aguiluchos cenizos y pálido y está siendo un año dificilísimo para ambas especies pues la reproducción está muy tardía, con nidos en huevo o con pollos de unos pocos días cuando la mayoría del cereal ya está cosechado. Eso no ha hecho ir varios días de urgencia a Madrigal de la Altas Torres para señalizar o vallar los nidos de estas rapaces de gris y blanco plumaje tan beneficiosas para el campo donde cría.
El paso de la cosechadora nos pone los pelos de punta pensando en nuestros aguiluchos pero para otras especies son un aliado ya que, al pasar sobre el cereal, dejan el terreno al descubierto y los micromamíferos e insectos que encontraban refugio entre las espigas, quedan a la intemperie y eso lo aprovechan los cernícalos primillas, milanos negros y cigüeña blancas. Precisamente tras los insectos andaba un escuadrón de pagazas piconegras (Gelochelidon nilotica) que apareció de la nada cuando estábamos entre campos de cultivo y desapareció sin dejarnos más que unos segundos para disfrutar de ellas.
Este estérnido de tamaño grande, plumaje gris y blanco con capirote y pico negros es un viajero habitual en la provincia aunque escaso y en número bajo. Suelen verse en zonas húmedas como Rosarito o la laguna de El Oso donde llegan tras criar en algunos humedales interiores como Villafáfila o la Mancha Húmeda. Lo que es menos habitual es verlas como lo hicimos nosotros, en medio de la estepa morañega.
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Saludos abulenses
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